
Los «tokens no fungibles» son un concepto bastante reciente que empieza a sonar en el mundo digital y de las nuevas tecnologías, y es algo asociado a la cadena de bloques o «Blockchain». Aquí os explicamos qué son.
Son un tipo de token criptográfico que representa una cosa única y que no puede haber dos iguales. Sus siglas en inglés, NFT, significan non-fungible token. Sus cuatro características básicas son: ser únicos, indivisibles, transferibles y con capacidad de demostrar su escasez y ser genuínos. Son diferentes de las criptomonedas, que en este caso sí son fungibles.
Para que se entienda de forma más fácil, un token no fungible se podría interpretar como un certificado de «genuinidad» de un bien o elemento digital, un sistema para que se pueda verificar que ese elemento tiene su escasez.
Un área de uso bastante obvio seria el del arte, igual que en la vida real donde las obras auténticas (y no copias) necesitan un certificado de autenticidad para que se paguen a veces grandes cantidades de dinero, y esa función la cumplen los tokens no fungibles.
Algunas grandes empresas tecnológicas han visto potencial en los NFT y el llamado «Metaverso» para que así se puedan gestionar y comerciar con bienes virtuales en dichos mundos virtuales. Para cierta gente ésto puede sonar mucho a ciencia ficción o a fantasía, pero está sucediendo.
Éstos no han estado exentos de críticas. Su inconveniente es su alto coste de generación (energético) y su elevada huella de carbono asociada a éstos y a su validación de transacciones en Blockchain, además de que a día de hoy no existe una necesidad real de tener comprobantes de propiedad en mercados no regulados y a veces «alegales».
Sólo el futuro dirá si acaban teniendo más o menos éxito.

